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EL RETO DE LA FORMACIÓN “PRESENCIAL ON LINE”.

Generalmente, se tiene la duda si la formación presencial es más propicia  que la formación no presencial, olvidando que lo que debe preocuparnos es ¿cómo se garantiza que el aprendizaje se valide por la calidad pedagógica?, toda vez que, como lo advierte Leiva y Vásquez (2019), eso inspira promover estudiantes protagonistas, profesores líderes y directivos involucrados  con los actuales desafíos de la educación chilena e internacional. 
De hecho, múltiples Universidades han asumido modalidades y formatos  innovadores de educación, una de ellas la virtual, que hoy, no sólo ayuda a sumarnos a la complejidad de la sociedad contemporánea, sino a afrontar los obstáculos que ella nos impone. Evidencia de esto es la pandemia Covid19, que vivimos  a nivel mundial. 

Atendiendo a la crisis sanitaria, nos vemos llamados a ser más efectivos en la búsqueda de  soluciones y alternativas. Podemos adherir a modelos no convencionales, pero muy consistentes con el principio de innovación pedagógica. Por lo mismo, me referiré aquí a la denominada “formación  presencial on line”, una modalidad de Aula vía web, para desarrollar clases e interlocutar con estudiantes mediante softwares especializados. Además, apoyarlos a través de plataformas digitales, fomentando una pedagogía colaborativa y aportando a co-construir entornos tanto favorables como creativos para el aprendizaje y su acompañamiento. 

En este formato, se articulan  modalidades sincrónicas y asincrónicas de interacción educativa. Cambia la lógica, no el fundamento del proceso de aprendizaje. Más bien, se transforman las distancias y el correlato temporal,  pues en cuanto a resultados, variados estudios nacionales e internacionales, preferentemente en Estados Unidos, muestran que los objetivos de aprendizaje y los rendimientos académicos son óptimos. 

En definitiva, no existen formatos, ontológicamente, buenos o malos, ni tampoco a priori inapropiados. El proceso educativo debe asegurar calidad pedagógica calificada. Para eso, tenemos que responsabilizarnos de utilizar mejor y, a la vez,  enriquecer las políticas públicas, hacernos cargo de compartir buenas prácticas, desburocratizar los procedimientos institucionales y ponerlos al servicio de las estrategias pedagógicas, independiente del formato de la interacción educativa, con miras a las mejores y mayores  oportunidades de nuestros y nuestras estudiantes que, al final del día, son quienes realmente forjan sus proyectos de vida personal, familiar y profesional. 


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