“Mucho patriotismo en el discurso, poco en las decisiones”

Por Cesar Concha , Abogado
En Chile hablamos mucho de patriotismo. Fue un concepto recurrente en el proceso constituyente, en campañas presidenciales y en el debate público reciente. Se instaló como una idea fuerza, casi como un valor compartido. Sin embargo, cuando ese concepto se contrasta con la vida cotidiana de las personas, la pregunta inevitable es otra: ¿dónde está hoy ese patriotismo del que tanto se habló? Durante las últimas semanas, el país ha enfrentado un aumento sostenido en el precio de los combustibles, que vuelve a impactar con fuerza en la economía de los hogares. Es evidente que este fenómeno tiene un origen internacional. La inestabilidad global y conflictos como la guerra en Medio Oriente han tensionado el precio del petróleo, generando efectos que Chile, como economía abierta, no puede aislar completamente. Pero reconocer la causa no resuelve el problema. Porque las consecuencias sí son locales, concretas y urgentes. El alza de los combustibles encarece el transporte, eleva los costos logísticos, presiona la producción agrícola y, en definitiva, incrementa el costo de la vida. En regiones como el Maule, donde la agricultura es un eje estructural, esto no es una abstracción económica: es una realidad que afecta directamente a pequeños y medianos productores, reduciendo márgenes y aumentando la incertidumbre. Frente a este escenario, surge una pregunta que va más allá del diagnóstico: ¿es suficiente explicar las causas externas o corresponde al Estado actuar con mayor decisión para amortiguar sus efectos? En los últimos días, el ministro de Hacienda ha desplegado una cadena de entrevistas en los principales canales del país, enfatizando las restricciones fiscales y la imposibilidad de controlar variables como el precio internacional del petróleo o el tipo de cambio. Se trata de un diagnóstico técnicamente correcto. Pero políticamente insuficiente. Gobernar no es solo describir la realidad. Es, sobre todo, hacerse cargo de sus consecuencias. Y en ese punto, resulta inevitable referirse al Mecanismo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (MEPCO), herramienta que durante años ha permitido suavizar alzas abruptas. Hoy se ha señalado que no se utilizará por su costo fiscal, aun cuando las alzas proyectadas son significativas. Esa decisión no es neutra. Es una definición política. Porque al mismo tiempo se discuten reformas que apuntan a reducir la carga tributaria de los sectores de mayores ingresos, lo que tensiona aún más el debate sobre prioridades. Cuando los recursos son escasos, la pregunta central no es solo cuánto se puede hacer, sino a quién se decide proteger. Ahí es donde el patriotismo deja de ser una consigna y adquiere un sentido concreto. Este debate, además, no se agota en lo económico. También se proyecta en la forma en que el país respalda sus propias capacidades en el escenario internacional. Chile tuvo la oportunidad de apoyar la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet a la dirección de Naciones Unidas, en un contexto global que exige liderazgo y experiencia. La ausencia de un respaldo claro no solo refleja una decisión política, sino también una señal respecto de cómo se entiende el interés nacional. A ello se suma una inconsistencia difícil de ignorar en ciertos actores sociales. Las alzas en los combustibles han sido históricamente un detonante de movilizaciones relevantes, particularmente en el gremio de camioneros. Sin embargo, frente a incrementos actuales de magnitud considerable, la reacción ha sido distinta. Cuando la intensidad de las respuestas depende del contexto político, el patriotismo se vuelve instrumental. Y cuando eso ocurre, pierde contenido. El patriotismo, en su sentido más profundo, no es una consigna ni un recurso retórico. Es una práctica que implica coherencia, especialmente en escenarios adversos. Supone asumir costos en función del bienestar colectivo y actuar con claridad en la definición de prioridades. En tiempos de incertidumbre económica, el país requiere más que explicaciones técnicas. Requiere decisiones que reflejen una comprensión real de las dificultades que enfrentan las personas. Porque cuando el patriotismo se reduce a discurso, lo que se erosiona no es solo la confianza en la política. Se debilita, también, la idea misma de comunidad. Y sin esa base compartida, cualquier proyecto colectivo se vuelve frágil.
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