El riesgo de repetir la historia: La negociación en la OMS que definirá quién se salva en la próxima pandemia

Entre finales de abril y mayo, la OMS definirá las reglas globales para enfrentar futuras crisis sanitarias. Frente al riesgo de un nuevo "apartheid de vacunas", la sociedad civil exige rechazar los modelos voluntarios de la industria y establecer normas obligatorias que aseguren que los recursos médicos lleguen a todos, sin importar su riqueza.
Actualmente, la atención de la comunidad internacional se encuentra fuertemente concentrada en conflictos geopolíticos con severos efectos globales, como es la guerra que involucra a Estados Unidos e Israel, frente a Irán. Sin embargo, más allá del ruido de las armas y las tensiones militares, existen otras amenazas de gran escala que tienen la misma capacidad de desestabilizar al mundo entero: las pandemias. Las crisis y emergencias sanitarias, tal como quedó demostrado en la historia reciente, generan impactos globales devastadores y requieren, por sobre todo, ser pensadas, planificadas y reguladas con un alto nivel de anticipación para no repetir los trágicos errores del pasado. Es en este complejo escenario mundial donde cobra una importancia vital la inminente discusión que liderará la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre el 27 de abril y el 1 de mayo de 2026, se llevará a cabo en Ginebra la sesión extraordinaria del Grupo de Trabajo Intergubernamental. Esta instancia representa la última oportunidad programada para que los países miembros alcancen un consenso sobre el Anexo de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios (PABS), el cual será sometido a aprobación definitiva durante la Asamblea Mundial de la Salud, fijada del 13 al 15 de mayo de 2026. Este acuerdo es crucial, ya que definirá las reglas bajo las cuales se compartirán vacunas, diagnósticos, tratamientos y datos genéticos en futuras emergencias. La experiencia de COVD-19 A seis años del inicio de la pandemia de COVID-19, una crisis que dejó un saldo estimado por la OMS de 14,9 millones de muertes a nivel global entre 2020 y 2021, las negociaciones en Ginebra están marcadas por una profunda tensión. Por un lado, más de 80 países en vías de desarrollo exigen que el nuevo sistema imponga compromisos obligatorios de acceso equitativo. En la vereda contraria, la Unión Europea (UE) impulsa un modelo basado en compromisos voluntarios de la industria farmacéutica. La propuesta europea sugiere que los laboratorios destinen alrededor del 20% de su producción durante una pandemia, del cual solo el 10% sería donado y el resto quedaría bajo acuerdos comerciales. Para organizaciones como AHF, la organización de atención médica al VIH/SIDA más grande del mundo, que ofrece medicina de vanguardia a más de 2,9 millones de personas en 50 países (incluidos EE. UU., África, América Latina/Caribe, la región de Asia/Pacífico y Europa del Este), la postura de la UE es una amenaza directa que vaciará de contenido la arquitectura del acuerdo y permitiría eludir las responsabilidades de distribución. Frente a esto, argumentan que el Acuerdo de Pandemia no debe aprobarse sin un Anexo PABS que imponga contratos estandarizados y beneficios obligatorios, tales como porcentajes reservados de vacunas y transferencias de tecnología. Al respecto, Francisco Rubio, director de Incidencia Política de AHF para América Latina y el Caribe, es categórico: "La lección de la COVID-19 es clara: cuando las reglas son débiles, prevalece la desigualdad. No puede haber más fila VIP en la próxima pandemia". Los datos históricos respaldan esta dura advertencia. Durante el año 2021, la desigualdad quedó en evidencia cuando los países de altos ingresos, que agrupaban sólo al 16% de la población mundial, acapararon el 70% de las vacunas disponibles. En un contraste dramático, América Latina, con apenas el 8% de la población global, concentró alrededor del 30% de todas las muertes registradas a nivel mundial. Solo en Chile, en 2020, el COVID-19 causó 18.680 fallecimientos, convirtiéndose en la principal causa específica de muerte ese año (14,8% del total nacional). Aunque Chile logró acceder rápidamente a dosis iniciales gracias a compras anticipadas, gran parte de la región vecina sufrió graves retrasos. AHF subraya que inmunizar a un solo país no sirve de nada si el virus sigue mutando en territorios fronterizos. Además, América Latina aporta constantemente información científica y muestras epidemiológicas vitales, lo que exige reciprocidad mediante un acceso justo a los beneficios derivados de esa investigación. En esa línea, Carlos Becerra, director de AHF Chile, enfatiza la urgencia de establecer reglas solidarias: "Si algo aprendimos de la pandemia es que ningún país puede enfrentar solo una emergencia sanitaria global. La cooperación internacional es clave, pero también lo es garantizar que el acceso a vacunas y tratamientos no dependa únicamente del poder de compra". La resolución que tome la OMS en mayo definirá las reglas del juego para la próxima emergencia sanitaria. Un acuerdo débil y sin disposiciones vinculantes corre el riesgo de condenar nuevamente al mundo en desarrollo al "apartheid de vacunas" que oscureció la reciente crisis. Como advierten los expertos, la próxima pandemia no es una posibilidad remota, sino una certeza; la interrogante es si habremos aprendido algo para cuando llegue.
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