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La esperanzadora historia de esfuerzo y sacrificio que conmueve al Maule en medio de la crisis por el Coronavirus

No todo es alarma y preocupación ya que en plena pandemia también hay sucesos positivos como el de una esforzada jefa de hogar que a diario cruza el Río Maule y arriesga su vida para vender sus productos y obtener el sustento familiar. Afortunadamente recibió un nuevo bote con motor que le dará mayor seguridad y comodidad de cara a los crudos tiempos que se vienen
Diversas reacciones ha causado la dura historia de la emprendedora Silvia Rojas, quien junto a su marido, madre e hijo Matías -quien padece síndrome de Down- vive alejada de la modernidad, conectividad y comodidad que a gran parte de la población brindan los avances propios de nuestra época.
Ella y su familia comparten hogar en un apartado sector rural de la comuna de Maule, específicamente en la ribera sur del Río Maule. Ahí, en medio de polvorientos cerros y tortuosos caminos, elabora pan amasado en un añoso horno de barro y, a su lado, produce tortillas de rescoldo que a diario comercializa entre los pasajeros y turistas del mítico Ramal que une a Talca y Constitución.
Hasta ahí todo bien, sin embargo, llegar hasta la estación González Bastías del tren de trocha angosta le significa efectuar desde su casa un riesgoso desplazamiento que durante todo el año, bajo lluvia, viento o calor, genera una verdadera odisea tras caminar algunos minutos para luego cruzar por sí sola el río Maule, remando en bote, y llegar al encuentro con sus clientes que le proporcionan los recursos necesarios para sustentar la economía de su hogar, a cambio de sus exquisitas creaciones.
Dado su permanente trabajo en terreno, el Director Regional del FOSIS, Alejandro Muñoz, conoció este caso y obviamente se conmovió con la cruda historia, más aún cuando en muchas ocasiones la señora Silvia acude a vender sus productos en compañía del pequeño Matías, sorteando ambos las profundas y peligrosas aguas del principal torrente de nuestra región.
“Vinimos al lugar, conocimos a Silvia y su hijo y comprobamos las mínimas y peligrosas condiciones en las que se desplazaban. Su antiguo bote a remo estaba malo y por ello no lo dudamos e iniciamos una campaña para regalarle un nuevo bote, con motor y chalecos salvavidas, lo cual fue posible en breve tiempo gracias a recursos del FOSIS más la ayuda y colaboración de personeros públicos y privados, brindándole mayor seguridad y comodidad. Ya se lo entregamos y por cierto ella y su familia están felices”, explicó Muñoz.
Y claramente hoy Silvia está muy contenta, pese a que dada la crisis sanitaria a raíz del Coronavirus lógicamente los viajeros y sus ventas han disminuido, comentando que “al mal tiempo buena cara y al final digamos que fue una por otra. Este virus nos tiene a todos preocupados, pero en mi caso estoy feliz porque este fue un regalo caído del cielo. No se imagina cómo me cambió la vida, nunca pensé ni esperé algo así y obviamente agradezco infinitamente a don Alejandro (Muñoz), quien no sé por qué ni cómo se cruzó en mi vida pero acá está y me trajo esta maravilla. Mi hijo es el más feliz y por cierto nos sentimos mucho más seguros, en un bote de mejores condiciones, con chalecos, y que la hace cortita para cruzar. Lo malo es que ya no haré tanto ejercicio”, afirma sonriendo esta esforzada jefa de hogar.


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