INIA: estudio del peumo para conservar su fruto ante la sequía
El peumo, especie nativa de gran valor ecológico, presenta una particularidad que actualmente es de interés para los científicos enfocados en la conservación de plantas nativas; y, es que su fruto no se puede conservar a largo plazo y su producción es altamente dependiente de las condiciones climáticas.
En años de sequía, los árboles prácticamente no fructifican, lo que impide la recolección de sus frutos. Por el contrario, en temporadas con mayor disponibilidad hídrica, el peumo produce abundantes frutos, lo que permite la recolección de grandes cantidades de germoplasma. Sin embargo, debido a la particularidad de sus semillas, éstas no pueden ser almacenadas durante largos períodos.
Esta marcada condición del peumo y la baja tolerancia de sus semillas al almacenamiento despertó el interés de investigadores del INIA, quienes constataron que en los años más secos simplemente no existen frutos disponibles para resguardar la especie a futuro.
A partir de estas observaciones nace la motivación por estudiar esta especie nativa de parte de la ingeniero agrónomo Viviana Darricarrere cuyo tema constituyó su tesis de grado patrocinada por el investigador, Mauricio Cisternas Báez. Fue así como el INIA coloca a disposición sus instalaciones para realizar estos ensayos en sus laboratorios orientado a la conservación de su fruto y principalmente a generar conocimiento y estrategias que permitan mejorar la conservación de su material reproductivo, contribuyendo así a la protección de esta especie nativa y a la resiliencia de los ecosistemas donde habita.
Este estudio se centró en las causas del deterioro que sufren los frutos del peumo durante el almacenamiento y entregó orientaciones para mejorar su conservación. Los resultados fueron publicados en la revista Plant y en el paper participó un equipo de investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, la Universidad Viña del Mar, la Universidad Austral de Chile, la Universidad de Valparaíso y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA La Cruz).
Viviana Darricarrere explica que el peumo “es una especie recalcitrante, es decir, sus semillas no toleran la deshidratación ni las bajas temperaturas, a diferencia de otras especies cuyas semillas pueden almacenarse por años en bancos de germoplasma”. En palabras simples, “los frutos del peumo siguen vivos después de su maduración, es decir, continúan respirando y consumiendo energía, lo que los hace altamente sensibles a las altas temperaturas y la falta de humedad”.
Esta característica, explica la profesional, es una de las razones por las que resulta complejo en años de sequías, obtener material vegetal para reproducir la especie en viveros y/o conservarla para programas de restauración ecológica.
El experimento
El equipo científico analizó el comportamiento de los frutos recolectados en la Región Metropolitana bajo dos condiciones de almacenamiento: a temperatura ambiente (20 °C) y en refrigeración (5 °C), durante un período de 150 días.
Utilizando técnicas de microscopía, análisis histológico y mediciones físicas, se evaluaron variables como el peso, la humedad, el grosor de las capas del fruto y la cantidad de almidón en los cotiledones. Los resultados mostraron un patrón y es que con el paso del tiempo, los frutos perdieron peso, humedad y firmeza, evidenciando una degradación progresiva de sus tejidos, especialmente a temperatura ambiente.
Tras cinco meses, los frutos guardados sin refrigeración perdieron cerca del 70 % de su peso original y su estructura interna colapsó, mientras que los almacenados en frío mantuvieron mejor su integridad y humedad.
El agua resultó ser el factor decisivo. “La pérdida de humedad es la primera señal del deterioro del fruto”, indica el estudio. El mesocarpio, capa intermedia rica en agua, se deshidrata rápidamente con el calor, lo que provoca el colapso de las células y la pérdida de flexibilidad del pericarpio, la cubierta externa del fruto.
En los frutos mantenidos a 20°C, esta deshidratación llevó a un adelgazamiento del 80% del mesocarpio, mientras que en refrigeración la pérdida fue menos de la mitad. Este proceso no solo reseca el fruto: también rompe la conexión entre las capas protectoras y la semilla, dejándola expuesta al aire y reduciendo su viabilidad.
Otro resultado interesante para el equipo de investigadores fue el consumo sostenido de almidón en los cotiledones, la reserva energética de la semilla. “Aunque el contenido total de almidón disminuyó de manera similar en ambos tratamientos, los frutos almacenados a temperatura ambiente mostraron granos de almidón más dañados y fragmentados, signo de una degradación enzimática acelerada”. En otras palabras, incluso en condiciones de reposo, el fruto sigue respirando y usando energía, lo que acelera su envejecimiento y reduce su capacidad de germinar.
Los investigadores concluyen que la refrigeración a 5°C es una medida efectiva para reducir el deterioro, pero no suficiente por sí sola. Proponen complementar esta práctica con estrategias adicionales, como el uso de atmósferas modificadas, control de oxígeno o reguladores hormonales, para disminuir la actividad metabólica y alargar la vida útil del fruto.
El estudio también destaca la importancia de considerar las diferencias naturales entre poblaciones de peumo. Frutos más delgados o alargados tienden a degradarse más rápido, por lo que el manejo postcosecha debe adaptarse a cada tipo de fruto.
Conservación y restauración de los bosques mediterráneos
El peumo no solo es una especie representativa de los bosques esclerófilos, sino también un “ingeniero del ecosistema”: su presencia favorece la humedad del suelo, provee alimento y refugio para aves y mamíferos, y contribuye a la regeneración natural del bosque.
Por eso, mejorar los métodos para conservar sus frutos es un desafío: “si no logramos mantener su viabilidad después de la recolección, se compromete la restauración de los bosques mediterráneos”, señala el estudio.
La pérdida de estos ecosistemas, advierte el trabajo, se ha intensificado por la expansión urbana, los incendios forestales y la sequía prolongada. El conocimiento generado permite desarrollar protocolos basados en evidencia científica para la reforestación con especies nativas, fortaleciendo la capacidad del país para conservar su flora en un escenario de cambio climático.
Los resultados del estudio sientan las bases para que viveristas, técnicos forestales y programas de conservación cuenten con información práctica sobre cómo manejar y almacenar frutos del peumo. Además, el enfoque puede aplicarse a otras especies recalcitrantes, como el belloto del norte (especie en categoría de conservación), boldo o naranjillo, que enfrentan desafíos similares.
“Entender cómo se descompone el fruto del peumo nos da las claves para hacer exactamente lo contrario: conservarlo”, resume Mauricio Cisternas Báez. “Esa es la base para restaurar los bosques y proteger la biodiversidad chilena”.
La investigación fue financiada por ISA Energía y desarrollada con el apoyo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA La Cruz, donde los investigadores aportaron desde su experiencia en propagación vegetal y conservación de especies nativas.
Más información en el link: https://www.mdpi.com/2223-7747/14/21/3307
Artículo científico “Storage-Induced Fruit Breakdown in Cryptocarya alba: implications for the Conservation of a Keystone Mediterranean Recalcitrant Species” (Plants, 2025)











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